La pasarela de la quinta o cómo tirar el dinero que uno no tiene
Pocos días quedan para la celebración de la tradicional fiesta del Curpillos (que un año más está llamada a celebrarse en la Quinta de manera permanente).
Sin embargo, el Ayuntamiento de Burgos, este de las prisas, de las últimas horas, de la corrupción en los contratos y reconocimientos extrajudiciales y la ridícula y vergonzante programación de las fechas de las fiestas de San Pedro 2026, ha estado esperando casi a la víspera del Curpillos para volver a colocar una pasarela sobre el Arlanzón que facilite el acceso a la Quinta; eso supone volver a gastar dinero, un dinero que no tenemos.
Por supuesto que no discutimos la idoneidad y necesidad de dicha pasarela, pero no es de recibo la humillante falta de visión de los 27 concejales del Ayuntamiento del PP, del PSOE y de VOX para la toma de una decisión definitiva.
Así las cosas, resulta bastante obvio que hay que construir de una vez por todas una pasarela permanente sobre el Arlanzón que evite el tener que estar año tras año gastando dinero en lo mismo.
Cualquier empresa privada lo habría hecho el primer día: analizar la situación, las posibilidades de repetición de este evento o cualquier otro, y tomar una decisión anticipativa que optimice el dinero público.
Ahí lo dejamos porque, aquí en Burgos, los políticos de nuestra ciudad pueden hacer de todo sin ningún tipo de responsabilidad y sin que nada les penalice.
A ninguno de nuestros políticos les importa otra cosa que su sueldo y su continuidad, despreciando la ciudad y los ciudadanos.






