Visto desde fuera

Felipe de los Mozos

Por Felipe Mozos

Hoy os voy hablar de lo que opinan los extranjeros de los españoles, para ello he contactado con algunos amigos de diferentes nacionalidades, unos residentes en España y otros residentes en sus correspondientes países.

He hablado con un holandés, dos alemanes, una francesa, una norteamericana, un coreano y un británico.
Mi intención es tener un punto de vista distinto de nuestro país al que nosotros tenemos desde dentro, y analizar cómo ven desde fuera la situación actual de España, siendo uno de los lugares más afectados por el covid-19.

En primer lugar haré un repaso a los tópicos más extendidos en guías de viaje, páginas web especializadas y el boca a boca de lo que cuentan de nuestro país los extranjeros que nos visitan.

Hace tiempo que los trajes de lunares y los toros dejaron de ser el tópico nacional, aunque siguen estando presentes. Los extranjeros definen a nuestro país como un lugar hospitalario, con un clima y una gastronomía envidiables.
También nos tienen por muy juerguistas y sociables, y en la mayoría de los casos un destino barato para venir de vacaciones.

Sin embargo también opinan que somos gente de poca palabra y algo vagos. Que hay mucha desunión y que no nos sentimos orgullosos de ser españoles. Sin duda eso no habla bien de nosotros.

Cada vez más visitantes quieren conocer ciudades del interior, sus monumentos, nuestras historias y tradiciones. Y van explorando aspectos que no conocían de nuestro país.

Una cosa en la que coinciden todos es que somos muy tocones, les sorprenden los besos y los abrazos que nos damos continuamente y también, que nuestros horarios son muy trasnochadores y disfrutamos poco del día.

La imagen es diferente entre los que viven en nuestro país y se han molestado en viajar y conocer nuestra tierra de Norte a Sur y de Este a Oeste y se sorprenden por la variedad de paisajes y su llamativo folclore, así como de las diferentes lenguas que hacen que muchas veces no entiendan ni papa.
Ellos estudian español puro, del de Castilla y los acentos o expresiones gallegas o andaluzas les tienen locos y ya el catalán o el euskera y el gallego más cerrado les tienen perdiditos del todo.

Todos coinciden en tener un cariño muy especial por nuestra tierra y ven a los españoles como un pueblo acomplejado, consideran que no valoramos lo que tenemos. Piensan que tenemos una visión muy negativa de nosotros mismos y que pecamos de pesimistas sobre nuestro futuro.

Tras la pandemia, cada uno de los amigos entrevistados ha sufrido de mayor o menor medida los mismos efectos que nosotros en sus respectivos países. En casi todos hay polémicas por cómo se han llevado las cosas y se preguntan si se podría haber hecho mejor. Sin embargo también en los medios de sus países apuntan a España e Italia como los lugares donde peor se han hecho las cosas y nos ponen de ejemplo sobre cómo no se deben de hacer.

Los alemanes especialmente, aunque es un sentir bastante general, están cansados de poner dinero a Europa y que siempre vaya a otros países, como en este caso España e Italia y cada vez hay un movimiento mayor de euroescépticos, que se preguntan si les beneficia estar en una comunidad económica en la que sólo ponen, algunos medios más afines a esta tendencia “nos venden” como vagos vividores que no queremos trabajar y que nuestro gobierno ofrece demasiadas ayudas a cuenta de los países que más aportan, como en este caso Alemania.

Los franceses y norteamericanos también tienen la opinión de que nuestra industria es muy débil y que nuestro PIB está excesivamente basado en el turismo y en la construcción. Eso aunque no nos guste es una realidad, ya que somos uno de los países desarrollados que menos invierte en I+D+I, algo que impide a la industria del país ser competitiva frente a otras que potencias que invierten en investigación.

La imagen política no es nada buena, en ninguno de los países comprenden cómo puede haber tantos cargos políticos y tantos asesores. Lo de la corrupción es una losa que nos acompañará durante mucho tiempo y el guirigay político con independentistas y extremos incluidos hacen de España un país diferente.

Aún así nuestro país sigue siendo un lugar muy interesante para invertir, y los grandes fondos económicos mundiales esperan cual buitres la caída económica para hacer importantes negocios.

El resumen podría ser que no somos tan malos como nosotros creemos, que tenemos un potencial fabuloso pero que mientras nuestros políticos no maduren y sigan con peleas de colegio, siendo incapaces de mirar por el bien común en vez de los suyos propios, seremos el hazmerreir del mundo donde vienen a correrse una juerga porque les sale barato y les caemos simpáticos, y el lugar donde dar un fácil pelotazo a modo de inversión chupóptera.

Que mientras nuestra industria no invierta en investigación nos ganarán la partida cada día el resto de países y seguiremos siendo el sur de Europa donde no nos toman en serio, por ser gente de poca palabra y algo vagos y donde nos gusta más la fiesta que a un tonto un lápiz con goma de borrar.

Podemos cambiar, creernos de verdad que España es una gran nación y que podemos estar a la altura de cualquier potencia. Debemos de consumir nacional para hacer grandes a nuestras empresas y exigir a nuestros dirigentes que dejen de pelearse como parvularios y se pongan el mono de trabajo de una vez, que es lo que nos prometen cada cuatro años y nunca hacen. Y por una vez en vez de pedir “paguitas” que no nos sacan de nuestra pobreza, pedir trabajo.

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