Vacaciones de De la Rosa: ¿premio o castigo?

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Las críticas del Partido Popular al primer edil de la ciudad Daniel de la Rosa, por cogerse unos días de vacaciones han recibido respuesta. El propio alcalde ha contestado por carta a la portavoz del Partido Popular para decir que la ciudad funciona aunque no esté el alcalde.

Vista la soberbia con la que De la Rosa ostenta el cargo de alcalde, cabe preguntarse si para él, estar unos días lejos de la alcaldía es un premio o un castigo. Tal y como se ha demostrado en este primer año, De la Rosa es un adicto al sillón del alcalde, al cargo y a las fotografías y exposición pública que ello conlleva.

Su obsesión le lleva, además, a pensar que todo lo que hace lo hace por el bien de los demás, sin posibilidad de error, sin aceptar un solo reproche y convencido de que tras cada decisión hay hordas de ciudadanos cantando sus alabanzas.

El tono paternalista que utiliza y que ha utilizado de forma extenuante durante el confinamiento, evidencia que se siente superior, moralmente hablando, que el resto de los «súbditos» de la ciudad.

Así que ver al primer edil lejos de su sillón, trabajando por el bien de la ciudad, suena más a castigo para él que a premio. Es ahora trabajo de los burgaleses que le demostremos lo mucho que le necesitamos y lo perdido que está Burgos sin esa luz que nos guía en el camino (nótese la ironía en esta última frase).

Y aunque el Partido Popular vea en las vacaciones de De la Rosa un problema para la ciudad en tiempos de pandemia, también los podemos hacer la misma pregunta como ciudadanos. Las vacaciones del alcalde, para los burgaleses ¿Son un castigo o un premio?

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