Quien quiso ser alcalde siendo la tercera fuerza política, hoy apela a lo que votaron los burgaleses

Pleno Ayuntamiento Vicente Marañon Julio Rodriguez-Vigil (Noviembre 2021)

A medida que iba transcurriendo el Pleno de este viernes, el trillado discurso de Vicente Marañón se iba distorsionando, como ese disco de vinilo que tanto escucharse se estropea.

El reproche del vicealcalde del portavoz de Vox, Ángel Martín, instándole a salir a la calle «y mirar a los ojos ciudadanos» sobre la vulneración de los derechos de los ciudadanos y la representatividad de sus votos.

Esto es curioso cuando quién lo dice aspiró a ser alcalde de Burgos con tan solo 5 concejales de 27 y siendo la tercera fuerza política de Burgos. Y no tanto por acuerdo de los grupos, sino por intercambio de sillones en la Junta de Castilla y León. Una medida tan legal como reprochable al mismo nivel que el de los concejales no adscritos.

Marañón ha intentado convencer con su discurso, pero la rabia que emanaba de su interior despistaba sobre el fondo y mostraba al animal hérido.

Los concejales no adscritos son una anomalía legal. Solo son una anomalía porque desde los principales partidos nunca se ha querido modificar la ley para abrir las listas electorales o para que las actas no sean personales. Mientras que esto no cambie, ante algo legal no tiene mucha cabida el cabreo amenazante de Vicente Marañón.

Más hilarante fue el argumentario esgrimido por la portavoz socialistas, Nuria Barrio, quien quiso marcar la diferencia entre Julio Rodríguez-Vigil y la exconcejal Silvia Álvarez de Eulate, que en el pasado mandato abandonó Ciudadanos en el minuto 1. Para Barrio, no es lo mismo dejar un partido cuando han pasado 2 años de legislatura que hacerlo el primer día, aunque, a efectos de los votantes, es exactamente igual. Y si no, que se lo pregunten a su compañero Rafael Simancas que, en 2003, no pudo ser presidente de la Comunidad de Madrid por dos compañeros de partido que, en el Pleno de Investidura le dejaron colgado.

En definitiva, que el que esté libre de pecado, tire la primera piedra. Mientras tanto, lo que la ley permite, que no lo impida la verborrea política.