¿Qué pasará con los campos de hierba artificial de Burgos tras la medida europea que exige la eliminación del caucho?

Imagen del Twitter @Aytoburgos
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La Comisión Europea ha aprobado una medida para poner fin a los microplásticos, considerados una de las mayores fuentes de contaminación del aire y del agua. Por ello, exige a todos los países europeos que en un máximo de ocho años se elimine el caucho de todos los campos de hierba artificial de Europa, ya que es un elemento presente en ellos y que contamina de forma importante el medio ambiente.

Esto no significa el fin de los campos de hierba artificial tal y como los conocemos, sino que el material que cubre este tipo de superficies sea de otro tipo, concretamente biodegradable. En España existen más de 10.000 campos de este tipo donde se practican diversos deportes. Aunque en el deporte profesional predomina la hierba natural, las superficies artificiales soportan a diario miles de entrenamientos y partidos de fútbol, rugby, hockey o pádel, entre otros deportes.

La situación en algunas ciudades es cuanto menos llamativa. Recientemente, en Burgos se ha renovado el césped de los tres campos de fútbol de hierba artificial de Pallafría. Unas instalaciones donde cada semana decenas de equipos entrenan y juegan partidos de fútbol federados, pasando por ellos cientos de niños. El pasado mes de septiembre se terminó de cambiar el césped del primer campo, donde el Ayuntamiento destinó un total de 147.000 euros para la nueva hierba y caucho.

Las actuaciones en los dos campos restantes comenzaron en el pasado mes de marzo y se terminaron en abril. A estos dos terrenos se les adjudicó un presupuesto de 300.000 euros con su correspondiente renovación de césped y caucho. Unas obras que promovió el anterior Equipo de Gobierno y que en total supusieron 447.000 euros para las arcas del Ayuntamiento y, por ende, para los bolsillos de los burgaleses.

Otro de los campos afectados podría ser el de Jose Manuel Sedano, situado en el barrio de San Cristóbal. En él también entrenan y disputan sus partidos muchos de los equipos de fútbol burgaleses. Aquí, la reposición del césped se llevó a cabo en el 2016, durante el mandato de Javier Lacalle, gracias a un acuerdo con el PSOE y Ciudadanos. A este complejo se le dirigieron 220.000 euros y se le incluyó dentro de las inversiones sostenibles.

Por otro lado, el campo de fútbol de San Amaro también fue testigo de la renovación de su césped artificial. Aquí, juega sus partidos el Aparejadores, el equipo de rugby que milita en la primera división nacional de este deporte, más allá de otro equipos de fútbol que también desarrollan sus entrenamientos en él. El cambio del césped se efectuó en marzo de 2016, también durante el mandato de Javier Lacalle, y supuso un gasto de casi un millón de euros, convirtiéndose en su día en el campo de hierba artificial más grande de Castilla y León.

Además de las instalaciones mencionadas, el actual Equipo de Gobierno tenía en mente la sustitución del césped del Jose Luis Talamillo por un importe de 59.000 euros. Unas actuaciones que, vista la sentencia emitida por la Comisión Europea, es de imaginar que no se lleve a cabo o que el material empleado sea otro, lo que significaría un aumento del coste.

Una de las alternativas que se podría dar a esta problemática es el uso de corcho, presente en algunos campos, pero está lejos de dar un buen rendimiento ya que flota y es difícil de mantener. Sea cual sea la solución, el Ayuntamiento de Burgos aún no se ha pronunciado sobre cómo actuará en estos campos e instalaciones. Lo que está claro es que se vienen unos años de vértigo en la industria del césped artificial, ya que con el caucho empleado se da salida cada año a 150 millones de neumáticos en Europa.

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