¿Merece la pena renovar el contrato con la Federación de Fútbol de Castilla y León para el mantenimiento del complejo de Pallafría?

El mantenimiento y cuidado de los campos y, especialmente, de los vestuarios del Complejo Deportivo de Pallafría siguen ofreciendo una imagen pésima.

Desde que en noviembre de 2021, el Ayuntamiento de Burgos adjudicara a la Federación de Fútbol de Castilla y León los contratos de mantenimiento, limpieza, control de accesos, coordinación y consultoría del complejo, las quejas por la falta de higiene y saneamiento de los vestuarios no han cesado.

Y es que no hay más que echar un vistazo a los mismos según se accede a alguno de ellos. Según se entra, uno se puede encontrar cómo la puerta esta desgastada y en muchas ocasiones es complicado hasta abrir y cerrar la misma. Los rozones y falta de una mano de pintura son evidentes y no se ha realizado ninguna actuación en esta parte.

Si se analiza el resto de elementos que componen el vestuario, uno se percata que los bancos donde cientos de niños y niñas se sientan cada semana no se han renovado desde que se construyeron, al igual que el bidé, que frecuentemente se satura con el barro proveniente de los campos, especialmente de los de hierba natural.

Pasando a la otra zona de los vestuarios, se constata que en algunos de ellos la caldera no funciona o directamente lleva mucho tiempo sin sustituirse por otra. Esto provoca que, cuando los deportistas juegan sus partidos o entrenamientos, no se puedan duchar debido a que el agua no se calienta y sale «congelada». En este sentido, muchos de los jugadores optan por ducharse en sus propias casas, ya que las que funcionan tienen un depósito limitado que no suele dar para todos los usuarios. Aparte, el estado del suelo está sin fregar y lleno de suciedad.

Por otro lado están los lavabos. En algunos vestuarios no hay ni manilla para girar y que comience a salir el agua. El estado de estos, sobre todo por la zona de abajo, presenta síntomas de humedad con las tuberías y desagües claramente oxidados. Al igual que en las duchas, no suele salir agua caliente porque las calderas están rotas o no funcionan, habiéndose cambiado solo en algún vestuario suelto.

Pasando a los urinarios, uno se encuentra con el mismo problema. Tuberías oxidadas sin limpiar que muestran una estética indecente para las instalaciones deportivas que más personas albergan a lo largo de la semana. En algunos de ellos, las baldosas que cubren las paredes están rotas, caídas y sucias y las juntas que rodean las ventanas han desaparecido, lo que hace que el frío ylos bichos entren más fácilmente.

Por último, está la zona del baño. Donde debería haber un retrete, simplemente hay un sumidero donde los niños y niñas tienen que apañárselas para hacer sus necesidades. Ni rastro de un retrete para sentarse, además de un sistema para tirar de la cadena bastante anticuado. Las goteras en el techo también han hecho su mella y se ve cómo los restos de pintura caen al suelo sin que nadie los recoja ni limpie. El papel higiénico también brilla por su ausencia.

La adjudicación de este supuesto «mantenimiento» a la Federación de Fútbol de Castillay León no es precisamente barata. Los burgaleses abonamos en 2021 a este organismo 509.000 euros para los dos años de duración del contrato, que finaliza el próximo mes de noviembre.

Es entonces, concretamente el 11 de noviembre, cuando el Ayuntamiento tiene que valorar la única prórroga que contempla el contrato, por otros dos años, hasta 2025, por alrededor de 250.000 euros al año.

Sin embargo, parece que parte de los compromisos que adquirió la Federación no se están cumpliendo, al menos en lo que a limpieza y salubridad se refiere. En este sentido, ¿le merece la pena al Ayuntamiento de Burgos renovar este contrato con la Federación de Fútbol de Castilla y León? ¿Es necesario que parte de los impuestos que pagan los ciudadanos de Burgos se destinen a unas tareas de mantenimiento e higiene que, por lo que se ve, no se llevan a cabo de manera correcta?

En el pliego del contrato se indica que el Servicio de Deportes deberá llevar a cabo inspecciones y, en su caso, «dictar instrucciones al adjudicatario si fuese preciso para una eficaz realización del trabajo». En este caso, es el Ayuntamiento de Burgos el último responsable, a pesar de tener externalizado los servicios de gestión.

Por lo que se aprecia, y no será la última queja, esos trabajos de inspección dejan entrever la dejadez de las instituciones públicas a la hora de mantener unas instalaciones que cuentan con un total de 24 vestuarios y 9 campos de fútbol.

OTRAS NOTICIAS