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Los pueblos de Burgos contra el botellón

Los problemas derivados de los viajes organizados a las fiestas de los pueblos de la provincia, cuyas fiestas se han convertido en muchos casos en multitudinarios botellones, ha provocado que no pocos alcaldes burgaleses hayan adoptado la decisión de no promocionar sus fiestas.

Y es el que el miedo se ha apoderado de aquellos alcaldes que quieren evitar, por todos los medios, que esas escenas se repitan en sus términos municipales. Y ya no sólo por los macrobotellones, sino también por motivos de seguridad.

En los últimos años, los autobuses lanzadera a las fiestas de los pueblos han proliferado en la provincia sin que nadie haya hecho nada para evitarlo, pese a que en reiteradas ocasiones ha habido que lamentar actos vandálicos y desperfectos en unos municipios a los que este tipo de atentados les supone un verdadero esfuerzo para sus arcas municipales.

Destrozos en patrimonio histórico, pintadas, suciedad y desperfectos se han repetido en diversas localidades ante el asombro de sus alcaldes y vecinos, que no recuerdan unas fiestas como estas.

Y es que estos macrobotellones han distorsionado, además, la esencia de las fiestas. Aquellas que motivan el retorno de hijos o nietos a los pueblos y las mismas que motivan que se experimenten unos días de hermanamiento y convivencia.La situación en la provincia ha llegado hasta tal extremo, que algunos alcaldes han vivido con preocupación sus fiestas y no es para menos. El desmesurado número de jóvenes que se desplazan hasta los pueblos cargados de sus bebidas y el consumo desmedido de alcohol hacen pensar que toda seguridad es poca para controlar lo que suceda en el ambiente festivo.

Por eso, por primera vez, los pueblos de Burgos asumen la seguridad privada como un complemento a sus fiestas. Un complemento que supone un nuevo desembolso para las arcas municipales y que acarrea aún más recelo a la hora de promocionar o dar a conocer las fiestas locales.

Así las cosas y mientras nadie haga nada para remediarlo, lo que debería ser un momento de apertura para los municipios y una oportunidad de negocio para los comerciantes, se ha convertido en todo lo contrario: unos días que se desea que pasen lo más rápido posible para evitar escenas o situaciones que tornen una fiesta en todo lo contrario.

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