La Junta pone en marcha el modelo de atención a personas mayores «En mi casa»

La consejera de Familia e Igualdad de Oportunidades, Milagros Marcos, ha presentado, en el I Foro Sociosanitario Senda y ante directores generales de Servicios Sociales de distintas comunidades, empresarios y profesionales del sector, el nuevo modelo de atención profesional para personas mayores ‘En mi casa’, que impulsa la Junta de Castilla y León como una oportunidad para generar empleo y crecimiento económico, al mismo tiempo que persigue la supervivencia de la red de Servicios Sociales y garantiza una atención profesional de calidad.

Precisamente, la próxima semana, tal y como ha anunciado  Milagros Marcos, representantes de 14 países visitarán Castilla y León para conocer durante tres días, y de la mano de profesionales de la Administración regional, del sector de la atención y de empresarios, este nuevo modelo de atención, pionero en España y centrado en la persona.

Un modelo que ya están desarrollando con éxito nueve residencias, públicas y privadas, de la Comunidad, y al que se sumarán a lo largo de este año otros 30 centros de la Comunidad, en su doble vertiente: centros multiservicios y unidades de convivencia.

Por un lado, las residencias se convierten en centros multiservicios, que abren su oferta de servicios profesionales a las personas mayores que viven en la zona, con el objetivo de que puedan permanecer en sus domicilios el mayor tiempo posible. Así, les ofrecen el servicio de promoción de la autonomía personal, asistente personal, ayuda a domicilio, atención a necesidades urgentes, unidades de convalecencia sociosanitaria e incluso la posibilidad de acudir al centro a tomar un café o a comer, dormir un fin de semana o una semana, permanecer durante el día o sólo por la noche, o llevar su ropa a la lavandería del centro. Y siempre de forma flexible y ajustada a las necesidades de los usuarios.

Abrir las residencias al entorno, tal y como ha explicado Milagros Marcos, mejora la atención a las personas de la zona, ayuda a asentar población en el entorno rural, favorece el empleo, rentabiliza los servicios e instalaciones de los centros, facilita su viabilidad económica y, además, mejora la transición de las personas de su hogar a la residencia cuando sea necesario.

Y, por otro, cuando los residentes deben permanecer las 24 horas del día en el centro ofertan la posibilidad de vivir en unidades de convivencia estructuradas para aproximadamente 12 personas, con la idea de que sientan la residencia como su hogar. Disponen de habitaciones individuales con baño privado, y comparten entre ellos cocina, comedor, sala de estar y rincón de lavado. Todo en un ambiente cálido, donde se huye de elementos institucionales, como uniformes, y donde los residentes pueden decorar y personalizar su habitación con sus elementos preferidos.

Pero no se trata sólo de un cambio arquitectónico o ambiental, sino también organizativo. La atención es personalizada y busca la máxima autonomía de la persona mayor. Y, para lograrlo, los residentes pueden elegir las actividades que realizan, ajustadas a sus gustos o el estilo de vida que llevaban con anterioridad a vivir en el centro; los horarios en los que desempeñan esas actividades diarias –a qué hora se levantan, pasean, leen, se acuestan…–; su propia imagen –cómo se visten, se peinan o qué complementos utilizan…–, y el menú. Pueden preparar comidas, lavar la ropa, tejer, cuidar las plantas o gallinas.

Los profesionales adoptan, además, nuevos roles. No en vano, cada residente cuenta con un coordinador personal de referencia, que le presta atención directa y estable, y hace un seguimiento individualizado de sus rutinas y cuidados. Esos profesionales tienen una visión global de la persona mayor, de su historia de vida (quién es la persona, sus capacidades o su modo de vida) y de su proyecto de vida (qué quiere ser y hacer la persona, sus sueños, intereses…). Recabada toda esa información, elabora un plan de vida de la persona y mantiene informados a los familiares para propiciar que estos participen y se impliquen en la atención de la persona mayor.

Todos estos cambios ambientales, en la organización y en los roles de los profesionales, han demostrado en este primer año de implantación del modelo una mejora de la satisfacción de los usuarios, de las familias y de los trabajadores, así como de la autonomía de las personas, la imagen social de las residencias, según ha explicado la consejera de Familia e Igualdad de Oportunidades de Castilla y León, quien ha remarcado que todo ello se hace “sin un incremento de costes significativos”.