La falsa seguridad que intenta implantar la Junta puede ser peligrosa para la transmisión del COVID

Discoteca pubs bares

Cuando la Junta de Castilla y León no sabe cómo combatir el COVID, inventa fórmulas para lanzar a la población un mensaje de tranquilidad. Dicho en otras palabras, busca la «sensación de seguridad» pero no la seguridad. Así la población baja la guarda, a cada medida, pensándose más seguros cuando en realidad no lo están.

No es algo único de la Junta, pero las decisiones de esta administración son las que nos afectan a los burgaleses y castellano y leoneses.

El último de los ejemplos de lo absurdo en Castilla y León es el adelanto del cierre de la hostelería a las dos de la mañana. Es una medida inocua de cara al contagio pero que pretende lanzar a la población una idea de que se está haciendo algo.

¿El mayor número de contagios se da por encima de las dos de la mañana? La respuesta es no, algo que tienen claro hasta los magistrados del Tribunal Superior de Cataluña que rezan en su sentencia que «respecto a la limitación del horario de los locales (…) no se justifica en el informe que se vaya a producir una mayor transmisión del virus dependiendo del horario de cierre».

Lo que resulta más sencillo es prever las consecuencias. Cuando la Junta cerró el acceso de menores a pubs y discotecas, el botellón experimentó un aumento, en Castilla y León se multiplicaron los chamizos y el consumo de alcohol en menores aumentó.

En esta ocasión, el problema no es el consumo de alcohol. Lo que ocurrió entonces es que alguien pensó que así, todos los menores se irían a la cama prontito y eso no ocurrió. Hoy, quienes salen a divertirse, no se van a marchar a casa a las dos de la mañana, sino que buscarán la opción de continuar donde se pueda.

A mayores, aquellos que tienen previstas cenas u otras celebraciones, adelantarán sus horarios de salida, concentrando más personas en menor tiempo no ya en los establecimientos, sino también en los alrededores.

En fin, que a la absurda medida de la Junta le pueden seguir otras, como permitir público en los espectáculos deportivos pero echar a la gente a mitad del partido, recortar los horarios de los transportes públicos o volver al sistema de franjas de paseo, provocando concentraciones de gente en un menor tiempo.

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