La chaquetilla de Antonio Fernández Santos

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Aunque solo sirva de chascarrillo introductorio, son muchas las películas en las que el capo, el que manda, el que maneja los hilos, tiene siempre una actitud tranquila, campechana, como de andar por casa. Es ese personaje que recibe en su casa en bata o albornoz, que se recuesta sin miramientos sobre un sillón, que se sabe tan poderoso que no necesita de trajes ni posturas y puede permitirse el lujo de mostrar en público lo que otros solo hacen en la más estricta intimidad.

Este pasado lunes, eso es lo que nos vino a la cabeza al ver la puesta de largo de Daniel de la Rosa y Vicente Marañón en un hotel de la provincia para evidenciar su acuerdo político. Hasta allí acudieron todos los corporativos del Ayuntamiento ataviados con su ropa de trabajo: americanas, vestidos, camisas, fulares… Y entre todos ellos, uno que no es concejal pero que manda más que todos, Antonio Fernández Santos.

Ahí estaba el que dirige el cotarro, con su clásica chaquetilla de punto. Y entonces lo vimos claro, la tranquilidad del capo, de quien no tiene que demostrarle nada a nadie, a quien le da lo mismo estar en el sofá de casa, en el salón de Plenos o un hotel, porque desde todos esos escenarios maneja los hilos con la misma comodidad.

Pero claro, tampoco se nos puede olvidar que, aunque Antonio Fernández Santos se muestre a gusto con su clásica chaquetilla, esta ha cambiado ya varias veces desde que abandonó la oposición. Y es que cuando la chaqueta de Antonio cambia, cambia la del PSOE al completo.

Porque con cada chaqueta las cosas se ven diferentes. La chaquetilla de Antonio Fernández Santos en la oposición era esa que pactaba una línea de autobuses que, sí o sí, sería una realidad; en algún bolsillo de esa chaqueta había una exigencia feroz a que la deuda de los consorcios dejara de planear sobre la ciudad a costa de «la máxima responsabilidad» del alcalde; era una chaqueta donde El Plantío debía de ser un estadio compartido por los equipos de la ciudad; donde la calle Vitoria no necesitaba bulevares; Méndez Pozo tenía que venir a diario a cambiar a mano el contador de la Catedral; donde las abstenciones «eran de cobardes»; donde el buhobús debía funcionar los 12 meses de año… bueno hay una larga lista de etcéteras de una chaqueta que, en la oposición, se veía así.

Pero, ¡ay amigo! llegó el momento de gobernar y, por lo que sea, Antonio Fernández Santos abrió el armario y debió equivocarse de chaqueta, aunque se siente igual de cómodo con esta. La nueva chaqueta tiene un mapa de autobuses un tanto diferente al que el propio Antonio diseñó; La chaqueta de ahora es una donde la deuda de los consorcios ya no importa tanto, de hecho ahí está el remanente para no se qué cosas del río; en esta chaqueta El Plantío tenía que ser, sí o sí, para un solo equipo; la calle Vitoria podía tener varios tipos de bulevares; Méndez Pozo se ha convertido en íntimo del PSOE y del alcalde; el PSOE se abstiene en los Plenos; el buhobús no funciona y… podríamos seguir con otras tantas cosas.

Pero oye, si Antonio está cómodo así, no pasa nada. Hay un refrán castellano que dice «ande yo caliente, ríase la gente», que sirve para evidenciar que la comodidad de uno está por encima de la opinión de los demás y en este caso es tan cierto, que la chaqueta con la que viste Fernández Santos ahora está por encima, hasta de lo que pesaba el propio Antonio hace poco más de dos años.