Hasta que la muerte nos separe

COLABORADOR-SECCION-CORONAVIRUS

por Felipe Mozos Soto

Ya contaban los chinos, que tras el confinamiento se habían multiplicado las demandas de divorcio y ahora en plena desescalada lo estamos viendo aquí también.

En nuestro país tradicionalmente tras las vacaciones de verano y las fiestas navideñas, las demandas de divorcio se multiplican, parece ser que hay a parejas que compartir más tiempo les produce urticaria, y deciden ir cada uno por su cuenta.

Esta vez no han sido las vacaciones sino el confinamiento, lo que ha producido el sarpullido.

Dado el estado de alarma y la reclusión forzada, nos hemos visto condenados a compartir cuatro paredes más tiempo de lo habitual y eso ha hecho que haya parejas que hayan tomado la decisión de poner punto y final a su vida en común.

Compartir las tareas domésticas y la educación de los hijos no ha puesto las cosas nada fáciles, ya que de la noche a la mañana los padres se han convertido en profesores improvisados de sus cachorros, todas estas situaciones hacen que la tensión haya estado presente en muchas casas durante el encierro y hayan acabado por explotar.

Lo cierto es que esas parejas muy probablemente ya estuviesen en declive y haya sido el confinamiento únicamente la gota que ha colmado el vaso.

Hace unos años una conocida me dijo que se había separado y yo la di la enhorabuena, ella me miró sorprendida, estaba acostumbrada a que la gente se lamentase o la consolase o incluso pusiese a bajar un burro a su ex, sin embargo yo la di la enhorabuena y ella estaba desubicada, no entendía por qué la estaba felicitando.

La explicación es muy sencilla, cuando alguien toma la decisión de poner fin a una relación es porque lo ha meditado bastante, son cosas que no se hacen a la ligera y por lo tanto deben de ser un motivo de celebración, por tener la oportunidad de empezar de cero y haber tenido la fuerza y el valor para tomar esa dura decisión. Hay veces que puede ser un calentón, pero en la mayoría de los casos es algo realmente madurado y meditado y que viene de muy atrás.

Ya comienzan los despachos de abogados a llenarse de clientes para hacer consultas en lo referente a las separaciones, cuando hay hijos el toque sentimental es mayor y si hay propiedades con pocas cargas es todo mucho más fácil de solucionar, sin embargo si hay deudas las separaciones son traumáticas, nuestro rico refranero dice que “ las penas con pan son menos penas”, pues eso que si partimos peras y se hace con dinero en el bolso todo parece más fácil, o eso creemos, y parece que la tarea de recomponer nuestra vida sentimental también lo será.

También hay otras parejas que se separan de un modo muy civilizado y tienen muy claras las cosas, aunque no nos olvidemos que siempre hay una de las partes, por lo general la que toma la decisión, que está más preparada para lo que viene.

Yo por mi trabajo soy testigo cada año de muchas disputas por separaciones, pero también soy testigo de otras muchas disputas por herencias, así que la conclusión que puedo sacar es en lo que se refiere a temas del corazón y temas económicos se generan muchos conflictos.

Cada uno sabrá, pero hay cuestiones muy delicadas y como se suele decir cada uno sabe mejor que nadie lo que tiene en casa.

No me quiero poner dramático, quiero pensar que también habrán surgido casos opuestos, casos en los que el confinamiento también ha permitido a otras parejas reconciliarse o reconocerse mejor. En algunas quizás haya vuelto a surgir la chispa y hayan reforzado su vida en común, pero claro esas cosas o no se cuentan, o se oyen mucho menos, siempre es más recurrente aquello de ¿ sabes que fulanita se ha separado?, y luego toda la retahíla de explicaciones que quieras dar, que muchas veces llegan como el teléfono escacharrado y habría que escuchar las dos versiones, seguramente cada uno tenga su parte de razón, si es que en las cosas del corazón existe la razón…, yo creo que normalmente no.

Sea como fuere esta primavera de dos mil veinte por una cosa u otra para muchos será una fecha difícil de olvidar.

Para unos será el final de una etapa y para otros el descubrimiento de algo que tenían olvidado.

El pasado sábado celebramos las bodas de Oro de mis padres, cincuenta años juntos, con sus más y sus menos como todos, pero cincuenta años juntos al pie del cañón. Esas cosas cada vez serán más difíciles de ver en el futuro y es que las parejas de ahora no aguantamos ni un “ quitamelaspajas”, necesitamos muy poco para cansarnos o decidir hacer borrón y cuenta nueva en nuestra vida afectiva.

Quizás no tengamos espíritu de sacrificio, o quizás tengamos idealizado el amor. Lo cierto es que tenía razón la gran Rocío Jurado cuando cantaba aquello de “ Se nos rompió el amor de tanto usarlo”.

Si se tiene que romper, que se rompa, y enhorabuena. Pero úsenlo no se vaya a romper sin estrenarlo.

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