El PSOE, la paja y el ojo ajeno

David-Jurado-y-Antonio-Fernández-Santos

La política tiene a veces, muchas veces, esta cosa de ver solo la paja en el ojo ajeno. Es más que habitual que un partido político, el que sea, vea como negativo algo que hizo él mismo en el pasado. Pero los ritmos del día a día hacen que ya se vea como algo negativo lo mismo que cada uno está haciendo en el presente.

Este martes el portavoz socialista en la Diputación de Burgos, David Jurado, criticaba por enésima vez el hecho de que el concejal popular en el Ayuntamiento de Burgos, Jorge Berzosa, haya accedido a un puesto de funcionario en la institución provincial. En apariencia el proceso de selección fue correcto pero la crítica política, como el pan «Bimbo» lo aguanta todo y es perfectamente lícita.

Lo paradójico de denunciar enchufismo en esta situación, mezclando además la creación específica del puesto, es que quien denuncia esto en Diputación es también Concejal de Hacienda del Equipo de Gobierno en el Ayuntamiento de Burgos. Ese Ayuntamiento que creó hace poco un puesto específico por valor de 65.000 euros al año para llevar la agenda del Vicealcalde Vicente Marañón.

No es el único socialista que en los últimos días ha criticado a otros sin mirarse en el espejo. El Director del Gabinete de Alcaldía, Antonio Fernández Santos, se despachó contra Toni Cantó e Isabel Díaz Ayuso por la creación de la nueva Oficina del Español para colocar al actor al frente. «Colocando amigos y pagando favores» criticaba el pasado 30 de junio un señor que fue «colocado» en el Ayuntamiento de Burgos por Daniel de la Rosa, como «favor» tras quedar fuera de la lista a las municipales, por cierto con un suculento sueldo anual.

El que esté libre de enchufados que tire la primera piedra, podría decirse. El problema que encierra poner en duda algunos puestos, sin más pruebas que la crítica política, es que se genera también una cierta incertidumbre sobre el trabajo de la propia administración y la validez o legitimidad de la misma. La vida política está del todo denostada y apenas quedan ciudadanos que crean en los políticos, más allá de sus amigos y allegados, sin embargo, trasladar este desapego al conjunto de las administraciones puede llegar a ser muy peligroso.