El nuevo reglamento municipal de De la Rosa pretende anular a la oposición

Secretario y Vicesecretario Daniel de la Rosa Alcalde de Burgos (Noviembre 2021)

El alcalde de Burgos, Daniel de la Rosa, está empecinado en quitarse de en medio todo aquello que le pueda molestar. Él es feliz con su Burgos C.F., sus posados pactados en redes sociales y el séquito que le regala los oídos y no quiere saber nada más de quienes no piensan como él o le aplauden.

Ahora, el primer edil se ha lanzado al ataque, democráticamente cuestionable, del Reglamento Orgánico y de Funcionamiento del Ayuntamiento de Burgos, es decir, la norma que rige cómo funciona la casa de todos los burgaleses. Un reglamento que también quita o pone derechos a los concejales.

Lo primero que debería saber Daniel de la Rosa (y también sería bueno que alguien se lo explicase a Vicente Marañón) es que todos los concejales, los 27 del Ayuntamiento, representan en su conjunto la voluntad emanada de las urnas. Sin embargo, el borrador del nuevo reglamento en el que ya se encuentra trabajando el alcalde no piensa así. De hecho, el nuevo texto merma considerablemente la función de control y fiscalización de los grupos municipales que no gobiernen.

Así, ha decidido limitar los tiempos de intervención en los Plenos aún más, las proposiciones que pueden llevarse o la imposibilidad de que quien no gobierna solicite informes a técnicos o la presencia de estos en las comisiones. A la oposición, ni agua. Y es que, a tenor de lo que se está preparando, parece que el nuevo reglamento hace suya la máxima de David Jurado sobre que la oposición es «el enemigo de la ciudad».

Cierto es que los Plenos se han convertido en un paripé lamentable, donde las proposiciones solo sirven para entretener a la oposición, haciéndoles creer que sirven para algo. El nuevo reglamento debería cambiar esto para bien, permitiendo a todos los grupos municipales participar de manera más enérgica y vinculante. Pero nada más lejos de la realidad.

Así, el nuevo texto de Daniel de la Rosa retrocede décadas en derechos y libertades, impidiendo algo tan normal como que los asistentes a los Plenos puedan portar pancartas (¿se incluirán los lazos de colores en la solapa o el pin multicolor favorito del alcalde?).

Lo único en lo que no ha pensado Daniel de la Rosa, seguramente porque su ego no se lo permite, es que más pronto o más tarde, él también será oposición y los derechos que hoy quiere recortar a los demás nadie se los va a devolver a él.