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El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua se ha olvidado de cual es su misión

Instituto Castellano y Leonés

El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua ha empezado olvidando una parte importantísima de nuestro noble idioma: los refranes. Y es que, la deriva que está tomando la institución en los últimos años hace que deje atrás parte de la sabiduría popular en frases como «zapatero a tus zapatos» .

Solo así se explica que, quien tiene como misión la defensa y el enaltecimiento del castellano como idioma, plantee actividades como cursos de concina, más movido por la moda televisiva que por la finalidad en sí misma de una fundación que, no lo olvidemos, es pública.

Aquí ya todos pueden hacer de todo, eso sí, siempre que sea con dinero público o, directamente público. Un carnicero nunca podrá organizar un cuentacuentos en su tienda, la licencia se lo prohibe; una carpintería no podrá vender comida; ni una librería podrá dar cursos de cocina. Sin embargo, el todo vale en la administración pública nos lleva a tener centros culturales donde se sirven y consumen bebidas alcohólicas, museos reconvertidos en salas de conciertos y ahora, fundaciones de la lengua metidas a mentores de cocina.

Claro que partimos de la base de que el propio Instituto Castellano y Leonés de la Lengua se autoproclama defensor de la lengua española y no del castellano. Quizás por eso no hemos visto aún un observatorio del castellano que afee algunas prácticas de nuestras administraciones que no son otra cosa que la zancadilla a nuestro idioma y la suminion al chavacanismo del inglés.

Porque, más allá de cursos de cocina, bien estaría ver al Instituto dar algún tirón de orejas público a nuestros políticos cada vez que usan como gentilicio de la región la experesión «los castellanos y los leoneses», que son dos gentilicios de otras dos regiones; o sería interesante que hablasen con la Universidad sobre su ciclo de conciertos «UBU Live»; o que le explicasen, por ejemplo, al responsable de la promoción de Burgos, Vicente Marañón, que tenemos palabras en nuestro idioma que pueden suplir a términos como «influencer» o «showcooking». Pero eso da mucho trabajo y, además, esta Fundación recibe fondos públicos y en su patronato están representados muchos de esos que defienden el castellano solo de boquilla. Así que, seguirán con sus cositas de los cursos de cocina y, tal vez talleres como «la albañilería y las letras», «las palabras y la jardinería» o «la depilación brasileña y el idoma de Cervantes». Visto lo visto, todo vale (si es con dinero público, claro).

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