El éxito de los políticos ha sido conseguir enfrentar a vecinos contra vecinos

El alcalde lanza otro de sus típicos mensajes paternalistas
El alcalde lanza otro de sus típicos mensajes paternalistas

Pocos éxitos han tenido los políticos en general y durante la pandemia en particular. Pero uno de ellos ha sido transmitir al conjunto de la población que los malos de todo estos somos nosotros, los ciudadanos.

¿Se ha resucitado el Divino Valles para destinarlo solo a COVID? No. ¿Se ha doblado el número de médicos y enfermeras en los hospitales para que no sufra la sanidad? No. ¿Se han implantado las pruebas rápidas de antígenos de forma masiva? No. ¿Se ha bajado el precio de las mascarillas y otros equipos de protección? No. ¿Se han adoptado medidas reales de seguridad en colegios y otros centros públicos? No.

Pero la culpa es del resto del mundo. Y el éxito no radica solo en eso sino en su consecuencia siguiente: ciudadanos denunciando a ciudadanos.

Los políticos dibujan una diana y muchos ciudadanos asumen que ahí está el problema. Que un político dice que hay que cerrar bares, pues serán los bares los que contagian, ¡a por ellos! Que un político dice que hay que paralizar la actividad cultural, pues serán los teatros los que contagian, ¡a por ellos! Que un político dice que hay que llevar mascarilla en la calle aunque uno camine solo, pues será el montañero sin mascarilla el culpable, ¡a por él!

Y mientras, nuestros responsables políticos, desde Daniel de la Rosa hasta Salvador Illa, pasando por Francisco Igea o Verónica Casado, salen de rositas con un discurso que solo siembra animadversiones entre los vecinos.

Hemos llegado a un punto en que muchos miran como asesinos a quienes pasean por el Espolón, solo por llevar la mascarilla por debajo de la nariz, mientras somos incapaces de ver cómo quienes manejan los hilos de todo esto hacen lo fácil: prohibir, restringir y cruzar los dedos.

Han conseguido que nos creamos que si un señor se toma un café en un sentado en un banco de la calle, él, el que le ha servido el café, el vendedor de vasos de plástico y el constructor del banco sean los culpables de que nuestro hospital esté saturado, y no unos políticos que prefieren llenar los bolsillos de dos expresidiarios antes que contratar sanitarios. Y así nos va.

No entremos ya en el capítulo de los jóvenes. Porque es vergonzoso, por no decir otra cosa, ver el empecinamiento del Equipo de Gobierno en frenar el botellón a toda costa ahora pero no antes. De todas las prohibiciones impuestas como excusa de la COVID, ésta es la única que ya existía antes pero ante la que no se ponía ningún remedio. ¿Quienes son los responsales reales del botellón, los que lo hacen ahora o los que han creado un clima de permisividad constante? Porque los que han mirado para otro lado en San Pedro con los macro-botellones en el río no pueden ahora sorprenderse de que en esta ciudad se haga lo de siempre.

Sigamos así, denunciándonos entre nosotros. Acusándonos de no cumplir las ocurrencias diarias de nuestros políticos. Así no superaremos el COVID, eso está claro, pero tampoco resolveremos nada. Ellos ganan, nosotros perdemos.

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