El cierre anticipado de los locales acrecienta el problema del botellón

Ayuntamiento de Burgos

No han pasado ni 24 horas desde que el vicepresidente y portavoz de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, anunciase la obligación de cerrar todos los locales de ocio nocturno a las 2.00 horas y las críticas a la medida ya están en la calle.

La decisión, cuestionada por muchos y más teniendo en cuenta la situación epidemiológica que presenta a día de hoy la Comunidad, lejos de poner coto al ocio de los jóvenes, les invita a buscar alternativas.

Y es que sería de necios negar tal extremo. Los jóvenes seguirán saliendo y si los establecimientos están cerrados, no tardarán en organizarse para celebrar sus propios botellones.

La cuestión preocupa y mucho a muchas localidades de la provincia, que temen que la medida del Gobierno autonómico propicie un aluvión de botellones en sus localidades durante los fines de semana y también a diario.

Y todo porque el descontrol en este tipo de reuniones está garantizado, frente a las pautas y protocolos que siguen los locales de ocio desde su reapertura.

Basta ver lo que ha sucedido en Cataluña, donde el cierre del ocio nocturno se produce desde hace una semana, para saber cuáles van a ser las consecuencias que Castilla y León tendrá que asumir dentro de unos días.

En esta comunidad, el cierre de los establecimientos ha llevado, noche tras noche, a la celebración de macrobotellones difíciles de controlar y el número de contagios por coronavirus ha sido una constante, especialmente entre la gente joven.

Por eso, llama la atención que Francisco Igea, auspiciado por el presidente Alfonso Fernández Mañueco y la consejera Verónica Casado, a los que tanto les gusta mirar a otras autonomías para adoptar decisiones, estén dispuestos en esta ocasión a asumir un riesgo que sí o sí se producirá, ya que el descontrol está garantizado.

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