El cabreo de Félix Sancho vendiendo su trabajo como un sacrificio altruista imposible de creer

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Cabreado. Así se mostró ayer el presidente del San Pablo mientras presentaba las opciones escogidas para la campaña de abonos de la presente temporada.

Cabreado con las administraciones, cabreado con la competición y hasta con los aficionados más críticos por las consecuencias de la situación que, tanto al San Pablo como a muchas de las empresas les está tocando vivir.

Dejando a un lado el discurso barato del altruista sacrificado que pierde dinero por un bien mayor, que es el disfrute del aficionado y la promoción de la ciudad, discurso que no se cree ni él mismo, lo cierto es que a Sancho no le faltaba razón en su cabreo ante la obligación de tener que disputar encuentros sin la posibilidad de abrir las puertas del Coliseum a una masa suficientemente significativa como para que el negocio se llame negocio.

Se quejaba Sancho, también, de no comprender cómo una administración, en el mismo momento que prohíbe el acceso de un porcentaje de los aficionados y obliga a jugar los encuentros no pone sobre la mesa el dinero de las pérdidas directamente. Como diría Don Quijote, ¡ay amigo Sancho! Esa es la pregunta que se lleva haciendo año y medio la hostelería, los gimnarios, el ocio nocturno, los cines y el resto de los clubes de portivos.

Contundente ha sido, también, el enfado del dirigente contra aquellos aficionados que han mostrado, a través de las redes sociales, su descontento con la decisión del San Pablo de aplazar el ibono hasta la próxima temporada. En este sentido, anunciaba Sancho que aquel que quiere, puede solicitar la devolución de su abono y el equipo, cuando pueda, devolverá el importe.

Haciendo un análisis sobre la situación económica derivada de las restricciones, Sancho aseveró que son «los únicos» que pierden. Normal. En una empresa, los únicos que pueden perder o ganar son los dueños de la empresa. No van a perder los clientes, que en el caso del deporte se les llama abonados.

El presidente aprovechó a contar cómo él contagio de COVID a su familia por desempeñar sus funciones como presidente así como otros directivos y lo complejo que ha sido este año para él, buscando vuelos para llegar a todos los sitios… aprovechando para pedir la comprensión del mundo mundial y afirmando que lo hacía por Burgos. Pero, no nos engañemos, el San Pablo es una empresa y todo lo que se hace, desde el primero hasta el último que trabaja ahí, se hace como parte de la actividad empresarial. ¡Ojo! Esto no es malo. De hecho es lo más normal de mundo. El problema es que existen algunas personas y empresas que vienen a vender la moto de ser los mesías solidarios dispuestos a sacrificar su vida y la de los suyos por los demás y, hace mucho tiempo, que a algunos ya no nos la dan.