Cómo desmontar el partido Ciudadanos en Burgos

Firma Acuerdo Presupuestos PSOE Ciudadanos Ayuntamiento Burgos Daniel de la Rosa Vicente Marañon (Febrero 2020)

La política es cruel, más incluso de lo que se puede pensar desde fuera de ella, y eso ya es mucho decir. Y es cruel porque se pasa rápidamente de jugar a ayudar a la gente a jugar a mantener el poder. Y no todos saben jugar a este juego. Cuando no se tiene experiencia es fácil caer en la trampa más tonta del mundo.

Eso es lo que le está ocurriendo a Ciudadanos, un partido que hoy podría ser la tercera fuerza política de nuestro país e incluso la segunda en encuestas y lo tiró todo por la borda por su «bisoñez». Un término que empleamos en homenaje a quien más lo ha usado en Burgos en lo que va de legislatura: Vicente Marañón.

Hoy todo el mundo sabe que Ciudadanos tiene las horas contadas. Lo sabemos fuera y lo saben dentro. Quizás haya lugares, como Burgos, donde por el número de concejales, podría llegar a salvarse algún naufrago solitario en una barquita hecha con los restos del barco. Pero visto el camino iniciado por su portavoz, este escenario ya parece poco menos que imposible.

Y el PSOE no es ajeno a eso. A Ciudadanos le quedan tres telediarios, lo que significa que el PSOE está gobernando la ciudad con un cadáver que podría llegar a hacerles algo de daño si no sueltan el lastre pronto. Todos los partidos han empezado ya la pre-pre-precampaña electoral. Las encuestas, los números y sobre todo las estrategias están a la orden del día. Y el PSOE, que es perro viejo en estas cosas, sabe perfectamente qué botones tocar para hacer saltar por los aires a un partido político que, desde que puso el pie en el Ayuntamiento, se ha demostrado muy ingenuo.

Recuerden que el primer error garrafal de Ciudadanos lo cometió la formación naranja en su primer Pleno de Investidura. Tras desgarrarse la garganta anunciando en aquellas elecciones de 2015 que se apoyaría a la lista más votada, Gloria Bañeres decidió votarse a sí misma generando el primer problema gordo, la pérdida de la concejal número 4, Silvia Álvarez de Eulate. Y en ese momento, sin haber arrancado aún la legislatura, Ciudadanos pasó de ser llave de Gobierno con el Partido Popular a no ser nada. Y ante esa nada, un astuto Antonio Fernández Santos tomó el control de las cosas en las filas socialistas.

El segundo error que cometió Ciudadanos llegó en forma de trampa al ciudadano de a pie, ese al que hoy dicen defender pidiendo el acta de Julio Rodríguez-Vigil. Ciudadanos, la tercera fuerza política de la ciudad con 5 concejales de 27 pretendía gobernar Burgos, no fruto de un pacto concienzudo con las formaciones locales, sino por intercambio de sillas en la Junta de Castilla y León. Pero Marañón confió su pacto a que otros lo hicieran por él y pese a recibir el apoyo del Partido Popular, de nuevo se quedó relegado a una tercera posición.

Entonces vinieron las encuestas y había que hacer algo para tocar poder. Lo tenían en la Junta, lo tenían en la Diputación y había opciones de tenerlo en el Ayuntamiento, así que se fraguó un pacto de Gobierno con el PSOE que se prometía interesante, toda vez que en este tipo de cosas gana el que menos tiene que perder. Marañón ascendía a vicealcalde en la luz y a alcalde en la sombra. Porque en cualquier momento podía coger su balón y marcharse a jugar con otros si el PSOE no aceptaba sus premisas. Y nadie duda que a Daniel de la Rosa le gusta el sillón del alcalde más que a un tonto un lápiz.

Pero Marañón ha pecado de ingenuo. Le han vendido la «pleitesía» como «lealtad» y solo parece arrancar del alcalde De la Rosa compromisos vagos como el Burgos Río y poco más, es decir, proyectos que no van a ver la luz esta legislatura (ni ninguna otra). Nada, absolutamente nada, que ayude a Ciudadanos a hacerse un nombre.

El PSOE montó una sede en Gamonal para hablar de propuestas sobre el barrio sin contar con Ciudadanos, ha iniciado una gira del alcalde por los barrios de la ciudad sin contar con Ciudadanos, ha ocultado la caducidad del expediente del Niño Jesús sin contar con Ciudadanos, y sin embargo, exige lealtad a su socio de Gobierno. Y ¿Qué hace Marañón? Agacha la cabeza y se pone al lado de Daniel de la Rosa para expulsar a un concejal de los suyos.

El PSOE está haciendo la cama a su socio de Gobierno, porque sabe que de Ciudadanos no va a quedar nada en mayo de 2023, salvo algunos votos que, si sabe jugar sus cartas, se irán al PSOE. Y mientras, Marañón y Ciudadanos están enredados en sus cosas pensando en que un concejal les ha quitado un acta, como si ese fuera su problema, cuando otros tantos concejales les van a quitar, en nada, las cuatro que les quedan.

La cuestión interesante ahora es saber cuándo saltarán del barco los cuatro concejales de Ciudadanos y hacia donde nadarán. Porque algunos, como Vicente Marañón que viene del ámbito del Partido Popular o Rosario Pérez Pardo, que navegó en UPyD hasta que el barco se hundió, tienen ganas de seguir en la vida política y tendrán que buscar acomodo en otras filas. Junto con ellos, tanto a Miguel Balbás, aficionado a acumular cargos como Rosa Niño, que asume culpas pero no se mueve del sillón, se les ve muy a gusto trabajando en el número 1 de Plaza Mayor.

Habrá que estar pendiente de los próximos capítulos pero el futuro que se cierne sobre ciudadanos no es muy optimista y sus responsables, en lugar de achicar agua del barco, parecen estar echándola dentro.