Cierran el tercer piso del bloque okupado en la calle Emperador

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El tercer piso del número 2 de la calle Emperador ha sido desalojado este pasado viernes por La Caixa, la inmobiliaria propietaria del piso.

Según indican los vecinos, el primer piso continúa vacío, pero toman un respiro de alivio al ver cómo la puerta del tercer piso era precintada y colocaban en su lugar «una puerta antiokupa» en este inmueble. Durante la mañana del viernes, los vecinos han podido observar cómo se iban llevando enseres y electrodomésticos, aunque respecto al primer piso no se ha llevado a cabo ninguna actuación.

De este modo, los vecinos ven cómo finalmente, tras muchos actos vandálicos y denuncias de la situación al Ayuntamiento y a la Policía Nacional, se ha actuado con más demora que otra cosa pero se ha puesto solución a parte del problema.

Tras reunirse el pasado lunes frente a la iglesia del barrio para informar de la problemática a los medios de comunicación, el jueves la alcaldesa Cristina Ayala y el subdelegado del Gobierno, Pedro de la Fuente, llamaban a la calma y pedían a los vecinos que mantuvieran la tranquilidad.

Aunque la Policía no confirmó si los okupas del número 2 eran los responsables de los actos incívicos, los vecinos tienen sospechas bien fundadas de quiénes son los culpables de los incendios y de la inseguridad que se respira en zona. Según relataron, todo empezó cuando una familia compuesta por una pareja, cinco menores de edad y una señora de mediana edad se instaló en el barrio. Los vecinos sostienen que, durante todo el tiempo que han vivido en la calle Emperador, han coincidido con varias familias de etnia gitana con las que la relación era buena. Sin embargo, fue con la llegada de esta nueva familia al portal número 2 de la calle en marzo de 2021, cuando los actos delictivos y los desperfectos comenzaron a aumentar.

Los incendios se han sucedido desde febrero de este año hasta este octubre, sumando cinco vehículos calcinados, un colchón quemados y una pila de basura. Sin embargo, la única respuesta que habían obtenido hasta este desalojo fue que se iba a aumentar la presencia policial, hecho que los vecinos han negado ya que apenas veían patrullas por la zona.

Este hecho supone una «alegría» para los vecinos, ya que muchos tenían miedo de aparcar sus coches en la zona o no dejaban salir a sus hijos a la calle sin estar acompañados.

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