Cae el cuarto hospital de Burgos en las últimas dos décadas

Hospital San Juan de Dios (Noviembre 2020)

La fecha estaba marcada en el calendario para el cerca de un centenar de trabajadores del Hospital San Juan de Dios: 7 de diciembre. Era el día en el que la dirección comunicaría el futuro de este centro sanitario y las noticias eran más que previsibles.

Antes del medio día de este martes los trabajadores conocían la decisión final: cierre colectivo del hospital. A partir de aquí empezaban un mar de dudas, preguntas, futuros inciertos… cuestiones a las que ni el comité de empresa podía responder porque todo estaba por decidir. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué manera? Habrá que esperar aún unos días para conocer cómo se desarma el que será el cuarto hospital que pierden los burgaleses.

El primero en cerrar sus puertas fue el Hospital Militar, uno de los que más prestigio tenían en el país, sobre todo por el personal facultativo. Después a modo de carambola vimos caer, literalmente, el Hospital General Yagüe acompañado por el cierre disimulado del Divino Valles. No pasa nada, decían algunos, hemos abierto otro nuevo, maravilloso y público hospital, el Universitario. Esto de público lo repetían mucho por si alguno no nos lo llegábamos a creer del todo.

Y ahora, en plena pandemia, con la incierta sexta ola pululando por el mundo, con las listas de espera del HUBU a rebosar, con más necesidad que nunca de consolidar una sanidad fuerte, Burgos va a decir adiós a otro hospital. Este de carácter privado, sí, pero con un servicio de cuidados paliativos que la sanidad pública debiera haber blindado ya hace tiempo. Pero, de momento, la realidad es que esa puerta se va a cerrar en breve y los burgaleses nos vamos a quedar a la espera de lo que la administración regional quiera hacer con nosotros.

En Recoletas ya se estarán frotando las manos. No hay nada mejor para el sector privado que el monopolio. Con una Junta de Castilla y León incapaz de ampliar la plantilla sanitaria (es que… los demás están igual), y de utilizar sus instalaciones en horarios de tarde como reclaman los propios profesionales, es lógico que la sanidad privada será una válvula de escape mediante convenio para aligerar la lista de espera.

Cerca de un centenar de personas se verán, en breve, en la calle y sin trabajo. Esta parte tampoco preocupa mucho a la Junta ni a las administraciones públicas. No es una empresa cárnica recién incendiada ni una factoría automovilística amenazando con fabricar el último modelo en un país remoto, así que la preocupación administrativa por estos trabajadores es mínima. La mejor de las promesas que han podido escuchar, eso sí, con muchos «tal vez», o «estaría bien», es que las distintas mesas sectoriales consideren el trabajo realizado por estos profesionales como si de trabajo público hubiera sido, entre otras cosas, porque han desarrollado el mismo trabajo y lo han hecho para la propia administración pública en base a sus convenios de colaboración. Eso serviría para que, en caso de acceder a una oposición, tuvieran algún punto más como experiencia laboral. Pero es un ya veremos que queda muy lejos aún de ser una realidad.

Sea como fuere, ahora que nos acercamos a épocas de tradiciones, esto tiene mucho más de tradición de lo que parece. Porque es habitual, en la antesala de la navidad, hablar del cierre del San Juan de Dios pero también es habitual en nuestra ciudad, seguir hablando, de cierres de hospitales. Así nos va.