¡Aplazar: maldita palabra!

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Transcurren los días, con todos nosotros confinados en nuestros domicilios por la pandemia del Covid-19, mirando por la ventana o saliendo el balcón, cuando toca, para aplaudir el trabajo de nuestros profesionales de la salud.

Y así, entre cuatro paredes, nuestras familias afrontan sus problemas domésticos como pueden: levantarse con una actitud positiva, respirar hondo y mantener el aire diez segundos antes de expulsarlo (para probar nuestra capacidad pulmonar frente al coronavirus), entretener a los niños, salir y volver de la compra a la velocidad del rayo para no tener que dar explicaciones a la policía… En fin todo lo que ya sabemos todos, desde el sábado pasado día 14.

Al igual que si de una condena se tratase, decidí buscar un par de calendarios para decirles a los chavales que cada día vayamos tachando un número, como actividad de fomento del » ya queda menos»; y aunque al levantarse es lo primero que hacen, a los dos segundos ya está de nuevo con la pregunta ¿y ahora que hacemos?.

Dejando estas «pequeñeces» de lado, la realidad económica se suma al problema silenciosamente, a traición. Siete días sin haber podido producir un sólo euro y salvo muy honrosas excepciones, las únicas noticias que oigo, son las que viene referidas a los malditos aplazamientos.

El Ayuntamiento dice: «nos hemos reunido y hemos acordado aplazar a todos los ciudadanos, el pago de tal o cual impuesto, la Comunidad Autónoma dice: «que no se preocupen los ciudadanos que hemos acordado, que todos los pagos de tal y cual, puedan ser aplazados y se paguen a partir de julio…» y el Gobierno central más de lo mismo.

Perdonen, pero para esas decisiones, » no se necesitan estudios». Como si se tratase de la disposición de dinero mediante la tarjeta de crédito, lo único que saben nuestros políticos es utilizar la palabra aplazar. ¡Maldita palabra!

Los que nunca hemos deseado comprar a plazos absolutamente nada, ni que nos paguen a plazos, nos vemos obligados a tener que empezar a pensar, que una parte de nuestra vida ya está en manos de otros, a los que gracias al coronavirus tendré que pagar, más adelante.

Pero cómo voy a poder pagar si no tengo ingresos. ¿Para que me sirven tantísimas mentes ilustres en los distintos Gobiernos y Administraciones públicas si todavía no me resuelven mi problema con los ingresos?

Cerrados en casa y con el negocio con la persiana bajada, no puedo salir a producir, mientras que, se aproxima el pago del alquiler, el del recibo del préstamo del banco, se incrementa el recibo del súper y, como no, sube el recibo de la luz y el gas. Me voy a meter en «números rojos» de lo que por supuesto nadie dice nada.

«Lo fácil» es decir que nos quedemos en casa, pero lo verdaderamente difícil, es adoptar las medidas económicas para que desde este momento, los ciudadanos dejemos de oír esa maldita palabra «aplazar». Debería estar prohibida.

Aquí cada uno tiene que cumplir con su parte de responsabilidad social, y cuando digo todos, también me refiero a los bancos y las eléctricas. Ni unos ni otros tienen ningún derecho a seguir actuando como si no pasase nada.

También a ellos ha de alcanzarles la declaración de Estado de Alarma, impidiendo la mejora de sus beneficios a costa del coronavirus y de una obligación de responsabilidad ciudadana.

Mientras todo esto dure, ya va siendo hora de que el gobierno exija estas empresas un comportamiento responsable y socialmente solidario, y no, para que se nos diga generosamente que se nos «aplaza el cobro de los recibos».

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