Amén

COLABORADOR-SECCION-CORONAVIRUS

por Felipe Mozos Soto

Cuando ya hemos sobrepasado los dos meses del estado de alarma, toca dar un repaso a todo lo vivido hasta el momento. No he encontrado mejor manera que releyendo las colaboraciones que diariamente hago para www.canal54.es.

Son ya sesenta los relatos publicados y en ellos he intentado plasmar mi particular punto de vista de cómo he ido viendo las cosas. Incluso en ellos, a toro pasado, se puede deducir mi estado anímico, que se ha comportado como una montaña rusa con subidas y bajadas de ánimo en función de las noticias, y que además me han ido desgastando anímicamente a la vez que me han ayudado a madurar como persona.

Comencé con muchas ganas a relatar mi confinamiento particular e intenté ser positivo, quise dar un punto de vista desde la oportunidad que se nos presentaba para experimentar un cambio. Un cambio general en nuestros hábitos, como sociedad, en el valorar cosas que pasaban desapercibidas en nuestra vorágine diaria y en la solidaridad.

A medida de que la curva iba ascendiendo y se multiplicaban los contagios y los fallecimientos, llegando casi al colapso sanitario, el miedo me invadió a mí también, llegando a tener una preocupación extrema por mis seres queridos y por mi propia salud.

El carácter de nuestras gentes nos fue ayudando a superar de la manera menos traumática todo esta situación y las visitas obligadas al balcón con música y aplausos fueron un, sin quererlo, punto de unión entre vecinos desconocidos que nos apoyábamos mutuamente.

Poco a poco fuimos asumiendo, no sin resignación, que el encierro iba a durar bastante más de los quince días que inicialmente pensábamos y nos decidimos hacer deporte en casa, a cocinar como nunca lo habíamos hecho antes, a devorar libros como si no hubiera un mañana y a disfrutar de unas cervecitas con los amigos a través de video llamadas.

Luego llegó un momento de confusión en el que particularmente peor lo pasé, fue cuando a pesar de la traumática experiencia que estábamos viviendo y las esperanzas puestas en que esta pandemia podría ser un punto de partida para construir un mundo mejor, me di cuenta de que esto en realidad no iba a cambiar mucho y me convertí en un sufridor espectador de cómo nuestros dirigentes, esos que nos representan y han sido elegidos por nosotros mismos, lejos de unirse por el bienestar de todos, se seguían echando los trastos a la cabeza con reproches, que no hacían más que entorpecer el freno de la famosa curva.

Para colmo de males la imagen internacional de nuestro país ha quedado gravemente dañada, y entonces comenzó mi preocupación por la crisis económica que inevitablemente tendremos que vivir los próximos años.

Mi estado anímico, seguía como una montaña rusa descontrolada, y nuevamente me armé de valor e intenté plasmar un poco de optimismo en mis relatos. Saqué de lo más profundo momentos de positivismo y esperanza, que muchas veces ni yo me creía.

Ese estado positivo fue motivado, en primer lugar, por ver cómo la curva dejaba de subir de un modo descontrolado y posteriormente por comenzar mi particular desescalada hace exactamente dos semanas, tras comenzar con lo que será mi nueva normalidad en el trabajo.

Ahí me di cuenta de que los ciudadanos somos los que tenemos que tirar del carro, que pequeños empresarios, autónomos y trabajadores están muy por encima de nuestros representantes y que no podemos quedarnos parados esperando a que ellos pongan remedio a unos problemas que nadie entiende y vive como nosotros.

Empezar a salir y la calle y vivir una viva más o menos normal me ha hecho relacionarme con gente y el sentir es mutuo, serán momentos duros, pero sin duda tirando todos en la misma dirección conseguiremos que esta pesadilla acabe muy pronto.

Será una experiencia más en el largo camino de la vida, y nos debe de hacer reflexionar sobre nuestras preferencias para un futuro.

Ya queda muy poco para pasar de fase y que mucha más gente vuelva a sus trabajos, hoy mi mensaje es de optimismo, pero también de sacrificio y esfuerzo.

Hay una conocida frase que se e atribuye al canciller Otto Bismarck que dice “ La nación más fuerte del mundo, es sin duda España. Siempre ha intentado autodestruirse y nunca lo ha conseguido. El día que dejen de intentarlo volverán a ser la vanguardia del mundo”.

Y yo añado, aparte de banderas, regiones y religiones. Rememos todos en la misma dirección por una sociedad mucho mejor, una vez más nos levantaremos y seremos el orgullo de generaciones venideras. AMÉN.

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