Abuso de autoridad y arbitrariedad, así actuó la Policía Local este sábado

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La Policía Local de Burgos está volviendo a las andadas, haciendo y deshaciendo a su antojo y aceptando o rechazando denuncias ciudadanas según les venga el día, en clarísima actitud de abuso de autoridad y evidenciando, al menos en actuaciones como la que tuvo lugar este sábado, cobardía y vagancia a partes iguales.

Que a los agentes no les apetece nada denunciar el botellón es algo público y notorio. En las últimas semanas, los partes de denuncias sobre botellón han sido ridículos, en comparación con lo que los vecinos de Burgos evidencian en las redes sociales. No es ningún secreto que cuando un concejal asume en cargo de Seguridad Ciudadana, el «comandante en jefe» de la Policía, Fernando Sedano les suelta aquello de que el «botellón es como la energía, ni se crea ni se destruye, solo cambia de sitio». Una forma de decir que no les apetece trabajar moviéndose todo el rato de un sitio para otro. Una excusa que se tragaron Gema Conde, Salvador de Foronda y, en esta legislatura, Blanca Carpintero.

Según ha podido saber Canal 54, en la noche de ayer varios agentes de la Policía Local se negaron a aceptar las denuncias de un particular sobre personas realizando botellón en las inmediaciones de La Flora. Denuncias evidentes, pues los agentes tenían ante sí a quienes lo estaban haciendo. Lo más que consiguió el particular fue que un agente le pidiera a una de las personas que hacía botellón que se fuera a otro lugar (suponemos que de ahí viene eso de que solo cambia de sitio).

Mientras, los uniformados, sintiéndose superiores, la emprendían con un negocio de la zona, porque todos contra uno es más sencillo, aludiendo que ahí sí denunciaban porque habían recibido varias llamadas. ¿A partir de cuántas denuncias simultáneas actúan los municipales? O dicho de otra forma, los ciudadanos que denuncian de manera individual parecen tener menos derechos que los demás.

La de este sábado fue una actuación digna de la antología del despropósito, con unos agentes «bravucones» en defensa de nadie más que de sus galones, dispuestos a denunciar de forma arbitraria lo que les viene en gana y a mirar hacia otro lado cuando les supone trabajo.

Mientras estas cosas ocurren, la Concejal de Seguridad Ciudadana, Blanca Carpintero está más ocupada de elegir modelitos para acompañar al alcalde de la ciudad a distintos eventos relacionados con unas fiestas que, por lo visto, solo son para unos pocos.