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A punto de perder otra gran oportunidad con el Mercado Norte

Proyecto del nuevo Mercado Norte
Proyecto del nuevo Mercado Norte

El Equipo de Gobierno ha decidido dar un giro al planteamiento del nuevo Mercado Norte, distanciándose de lo poco que se hizo durante el mandato pasado, con un plan muy poco meditado. Sin embargo, el Ayuntamiento parece decidido a distanciarse lo justo.

El equipo de arquitectos de Félix Escribano ganó, en diciembre de 2018, el concurso de proyectos para levantar el nuevo edificio del Mercado Norte. Un concurso dotado con 10.000 euros de premio y el compromiso de redactar el proyecto, por otros 300.000 euros.

6 años después, el Ayuntamiento sigue adelante en la idea de hacer realidad dicho proyecto, pero es lo único que parece tener claro, porque aún no se sabe ni quién ejecutará las obras, ni si la gestión será pública, privada o publico-privada. No se sabe nada. Quizás, dado que ha pasado tanto tiempo desde que se decidió sobre el proyecto, sería un buen momento para parar las máquinas y reflexionar: ¿nos damos por satisfechos con ese edificio?

Porque en un contexto en el que el turismo y la captación de visitas se antoja vital para cualquier ciudad, quizás sería el momento de plantear una propuesta mucho más arriesgada. El proyecto de Félix Escribano es bueno, atractivo y funcional, pero no despunta a nivel turístico. No es un edificio que llame lo suficiente la atención como para invitar al turista a acercarse a Burgos.

Y es que nuestra ciudad peca, precisamente, de eso, de quedarse corta. Mientras unos aseguran, juran y perjuran que cambiar las puertas de la Catedral traería hordas enteras de turistas, otros parecen resignados a crear un edificio más, moderno, pero uno más, del montón.

Es el quiero y no puedo que acompaña a Burgos en muchas de sus decisiones. Por suerte, ya hemos acabado con la moda de los cristales, esa que llevó a la estación de trenes, la biblioteca del Estado o el complejo de la Evolución Humana a fotocopiarse en diseños que, si bien pueden resultarnos icónicos a los burgaleses, no aportan nada fuera de lo común en el imaginario turístico.

Es cierto que se hacen propuestas, arquitectónicamente hablando, muy interesantes. Pero, si por una vez, pensásemos en el ciudadano de a pie, no en el erudito sabio con 3 carreras de ingeniería arquitectónica, y proyectásemos algo estrambótico, estridente, surrealista, llamativo. De esos edificios que son queridos y odiados a partes iguales; de los que hacen pensar en la ciudad que los tiene…

Esto implicaría dejar atrás el dinero ya gastado, es cierto. E implicaría, además, desembolsar más de esos 14 millones en los que se ha presupuestado la construcción del proyecto actual. Pero, en esta ocasión, sería con un fin concreto. No como el dinero tirado en la Plaza Santiago, o el perdido en el concurso del Burgos Río, o el invertido para nada en mejorar La Milanera, o en los regalos a las sociedades anónimas deportivas… son muchos los ejemplos de dinero malgastado en Burgos a fondo perdido.

Quizás, este es buen momento para pisar el freno y, sin prisa, pero sin ninguna pausa, apostar por otra cosa completamente distinta. O tal vez, lo mejor sea seguir haciendo lo de siempre, y seguir firmando convenios con Renfe para que la gente venga a Burgos a mitad de precio a pasar una tarde.

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