¿Por qué nadie quiere sustituir a Lacalle?

La marcha de vacaciones de Javier Lacalle durante tres semanas en el mes de agosto, además de paralizar la ciudad, deja abierta la polémica sobre por qué nadie quiere sustituir al alcalde durante este periodo. Si otros años el regidor municipal, acostumbrado a ausentarse largos periodos de Burgos en una clara irresponsabilidad dado el cargo que ostenta, no ha tenido problemas para encontrar en quién delegar la Alcaldía en funciones, este año 2018 no ha sucedido lo mismo.

La vicealcaldesa de la ciudad, Gema Conde, (en quien por lógica debería recaer esta responsabilidad durante los periodos de ausencia de Lacalle) será alcaldesa en funciones del 30 de julio al 6 de agosto. Carolina Blasco relevará a Conde en el cargo la semana siguiente y Ana Bernabé hará lo propio entre los días 16 al 22. Y es que, si bien parece que las dos primeras semanas de vacaciones del alcalde estaban resueltas, en esta ocasión, Javier Lacalle lo ha tenido muy complicado para encontrar a alguien en su equipo que le quisiera sustituir en la tercera. ¿Por qué sucede esto?

La respuesta se encuentra en el modo en el que Lacalle disfruta de su derecho a vacaciones. Nadie pone en cuestión que el regidor municipal pueda marcharse unos días de vacaciones pero su ausencia de la ciudad no puede suponer en ningún caso una paralización, tal y como sucede cada año. Lacalle es alcalde por un periodo de cuatro años y es a él al que los ciudadanos, como cabeza de lista, votaron como alcalde, por lo que las delegaciones que realiza en sus compañeros de partido son más una falta de respeto que otra cosa.

Existen cargos que conllevan tales responsabilidades que obligan a determinadas cuestiones y el de alcalde es uno de ellos. Nadie entendería que el Rey, jefe del Estado, se ausentase por vacaciones dos o tres semanas. Nadie comprendería tampoco que si en su periodo de vacaciones sucediese algo que le atañe no regresase de inmediato a su responsabilidad. Pues lo mismo sucede con el cargo de alcalde.

SITUACIÓN DE PARÁLISIS

Los compañeros de Javier Lacalle no quieren ser alcaldes en funciones por cómo se desarrolla esta responsabilidad. El regidor municipal deja claras sus intenciones y las órdenes son que ninguno de ellos (de ellas, este año) adopte ninguna decisión relevante para la ciudad, por lo que su conducta obliga indiscutiblemente a la paralización de Burgos.

Siendo consciente de las necesidades, la situación y coyuntura de la ciudad, un regidor responsable nunca abandonaría su cargo tres semanas consecutivas y mucho menos obligaría a paralizar la actividad del Ayuntamiento. Si la gestión se limita a meras acciones simbólicas e intrascendentes, todo ello pese a las delegaciones y responsabilidades que tienen sus ediles, qué razón tiene que se nombren alcaldes en funciones.

El paripé al que obliga Javier Lacalle únicamente deja visitas a obras menores, campaña de asfaltado o actuaciones en Medio Ambiente pero qué pasa con los verdaderos problemas o proyectos de la ciudad. La respuesta es nada porque la parálisis municipal supone que la actividad no se retomará hasta el 23 de agosto, cuando se celebrará la primera Junta de Gobierno tras el periodo vacacional del alcalde.

Mientras tanto, lo único en lo que avanzará el Gobierno municipal será en aquellas cuestiones que conviene esconder o de las que no interesa que se den muchas explicaciones. Entre ellas, un más que probable nombramiento de Luis Alfonso Manero como secretario general tras la motivación pertinente. Eso sí, si alguna de las alcaldesas en funciones se atreve a avanzar en esta cuestión, tras las tres sentencias en contra que acarrea el nombramiento.

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