Los pacientes renales de más de 82 años podrían no necesitar diálisis para sobrevivir

El estudio ha sido presentado en el Congreso Nacional de Nefrología que se celebra estos días en el Fórum Evolución

La supervivencia de los pacientes con diálisis, es decir diagnosticados de la Enfermedad Renal Crónica Terminal (ERCT), más de 82 años que reciben terapia conservadora es similar a la de los paciente sometidos a diálisis. Esta es la conclusión a la que ha llegado un estudio llevado a cabo por 9 nefrólogos del Hospital Reina Sofía de Córdoba que ha sido presentado durante el XLVII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Nefrología , que está teniendo lugar a lo largo de estos días en Burgos.

Durante la investigación se analizaron a 526 pacientes de más de 75 años durante dos años y medio, de los que 143 recibieron terapia conservadora (TC) y 383 tratamiento renal sustitutivo con hemodiálisis (TRS).

En los pacientes del primer grupo, la supervivencia durante el primer año fue del 73,4%, y del 57,9% a los dos años. Por su parte, los pacientes que recibieron diálisis tuvieron una supervivencia del 79,5% y del 70,3% durante el primer y segundo año, respectivamente. De esa forma, se concluyó que, pasados dos años, en pacientes de 75 años la supervivencia era un 12,4% superior cuando eran tratados con diálisis y que, por tanto, este tratamiento sí sería una indicación recomendable.

Sin embargo, en los pacientes de más de 82 años se detectó que ambos tratamientos arrojaban unas tasas de supervivencia similares: 71,3% y 58,6% durante el primer y segundo año en pacientes en tratamiento renal sustitutivo y 69,78% y 53,2% en el mismo periodo de tiempo en pacientes tratados con terapias conservadoras. Eso significa una diferencia del 1,52% en el primer año y del 5,4% en el segundo.

Así, el estudio afirma que las terapias paliativas, cuyas herramientas son la identificación precoz y la valoración profunda y el manejo eficaz del dolor y otros problemas, tanto físicos como psicosociales o espirituales, son una alternativa viable para aquellos pacientes más ancianos. “Se trata de una atención cuyo fin es influir de forma positiva en el transcurso de la enfermedad, ayudando a los pacientes a vivir tan activamente como les sea posible, mejorando así tanto su calidad de vida como la de sus familiares”, señala la doctora Marina Sánchez-Agesta, primera firmante del estudio.

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