Lacalle y los suyos cada vez están más solos y amortizados

Por si acaso a los concejales de Javier Lacalle y al propio alcalde se les olvida su situación, ahí están, una vez al mes, los plenos municipales para recordársela. La sesión de este viernes abundó, de nuevo, en la extrema soledad que sufren los nueve ediles del Equipo de Gobierno que, cuando no tienen la puerta de atrás de la Junta de Gobierno, se muestran incapaces de sacar nada adelante.

Tal es su fragilidad, que hasta la concejal no adscrita, Silvia Álverez de Eulate, es capaz de hacer tambalear un punto tan trascendental como el del Presupuesto Municipal para 2018. Es verdad que contó con el apoyo de toda la oposición y que, de no proponerlo ella, el PSOE ya había anunciado su postura tres días antes. De nada le sirvió al alcalde su testarudez a la hora de llevar al Pleno un presupuesto que se había quedado sobre la mesa en el consejo de Hacienda. 17 de los 27 concejales pidieron que el proyecto de presupuesto se retirase del Pleno y 1 de ellos, Fernando Gómez, se sumó a esa mayoría con su abstención. El Gobierno Municipal se quedó solo otra vez.

Pero la estocada final le llegó al alcalde en forma de moción de urgencia. Que los tres grupos de la oposición, Imagina Burgos, Ciudadanos y PSOE, se unieran para solicitar una modificación del Plan General de Ordenación Urbana, para adaptarlo a la legalidad y prohibir la construcción de viviendas en el terreno del parque de artillería, no le sentó nada bien al primer edil. Es más, se mostró molesto por no haberse enterado hasta este mismo viernes de los planes de la oposición. Sin reflejos, sin una postura consensuada, sin ideas sobre lo que hacer, los Blasco, Berzosa, De la Fuente y compañía solo fueron capaces de abstenerse, es decir, de no saber si tienen que estar en contra o a favor.

Y así van transcurriendo los días en un Ayuntamiento que a Javier Lacalle hace mucho que se le fue de las manos. Tan solo son capaces de sacar adelante algo cuando hurtan a la oposición su opinión y actúan a espaldas de un consenso que son incapaces de encontrar.

El movimiento de fichas del primer edil para ganar algo en la segunda parte de la legislatura, tampoco le está saliendo nada bien. Ha cambiado de portavoz para poner al frente a Carolina Blasco, una edil que va a tener que sentarse con polígrafo a dar ruedas de prensa, a tenor de los patinazos cometidos en sus últimas intervenciones, donde ocultó la pérdida de una partida presupuestaria o informó de manera torticera sobre la supuesta aprobación del presupuesto por parte de la Junta de Gobierno.

Le siguen a Blasco, Jorge Berzosa y Lorena de la Fuente, dos concejales a los que es fácil de ubicar siguiendo el rastro de migas de pan que dejan sus constantes meteduras de pata y las críticas que levantan a su alrededor.

Lo que está por venir no va a ser más sencillo para quien debiera estar Gobernando la ciudad. El último año completo de la legislatura se presume como una agónica precampaña, con un alcalde que ya ha anunciado su marcha y no oculta que su cabeza está ya fuera del ayuntamiento. Los grupos de la oposición han adivinado el torpe movimiento del Equipo de Gobierno y no van a dar tregua en los próximos 17 meses, el tiempo que resta hasta la próxima cita con las urnas.

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