El tirón de orejas que el alcalde de Burgos, Javier Lacalle, le ha dado a la Federación de Hostelería en relación al Devora es Burgos, deber servir de reflexión sobre una iniciativa que atraviesa un delicado momento. El paso que se dé en esta edición, de hacerse, puede servir para enterrarla definitivamente o para consolidarla en el tiempo.

Dejando de lado que la marca “Devora, es Burgos” está registrada por el Plan Estratégico y en caso de que esta asociación desaparezca, deba buscarse otro nombre, la iniciativa copiada de otras ciudades ha perdido el norte en Burgos por la codicia del sector hotelero, que no hostelero, de la ciudad.

Este tipo de iniciativas buscan atraer visitantes a la ciudad en momentos menos proclives para el turismo, con precios atractivos en hoteles, restaurantes y otro tipo de establecimientos hosteleros. Sin embargo, casi desde el minuto uno del partido, hoteles y restaurantes se han sumado a la iniciativa sin más interés que hacer caja cuando ese no es el fin.

Que nadie lo entienda mal, nadie habla de perder dinero, son empresas y no están aquí para regalar su trabajo. Pero da la sensación de que algunos hoteles parecen no haber superado aún aquellas épocas en las que costaba encontrar habitaciones libres en Burgos.

Devora, es Burgos, o como se quiera llamar en un futuro, es una iniciativa que cuenta con un importante apoyo público. El Ayuntamiento de Burgos se moja económica y materialmente en esta iniciativa, no para que los hoteles hagan negocio ese fin de semana o los restaurantes lo conviertan en unas nuevas navidades, sino para atraer gente.

Baste mirar ejemplos como Gerona10, que se está celebrando, precisamente, este mismo fin de semana. Noches de hotel a 10 euros por persona, menús a 10 euros/persona, el sector comercial implicado con descuentos del 10%, entradas a salas de conciertos por precios de 10 euros cada dos personas… y así un sinfín de promociones que han conseguido que a lo largo de los años miles de personas estén suscritas a sus boletines esperando para apuntarse al sorteo para poder acudir. Sí, al sorteo, porque las plazas son limitas.

En Burgos también lo son, pero por el artículo 33. No hay una fiscalización, por ejemplo, de las habitaciones de hotel que se ofertan y son varios los clientes que, al intentar contactar con un hotel, se han encontrado con que las habitaciones a precio “devora” estaban completas. ¿Sería verdad? Seguramente sí, pero no hay forma de saberlo.
El pasado año, además, los precios aumentaron considerablemente y aquello del 25 (habitaciones a 25 euros/persona, menús a 25 euros…) cayó en el olvido.

Muchos colectivos, y la Federación de Hostelería de Burgos no es una excepción, se llenan la boca con aquello del “proyecto de ciudad”, el “remar juntos” y expresiones similares. Pero lo que quieren decir es “a ver cuánto ponen los burgaleses, a través del Ayuntamiento, para promocionarme yo”. Eso sí, cuando toca dar el callo de verdad, se pierde el interés. Huelga decir que la Federación de Hostelería lleva en manos de hoteles y restaurantes, por lo menos, desde que se empezó a construir la catedral, así que no es de extrañar que, por mucho que cambien las caras, las formas sigan siendo las mismas.

El Ayuntamiento de Burgos, en boca de su alcalde, ya ha expresado su disposición para sacar adelante una nueva edición, pero ha puesto como condición la implicación de la Federación de Hostelería ciñéndose al espíritu que motivo el nacimiento del “Devora, es Burgos”, subrayando los precios asequibles. Si esto se pierde, si el devora es una forma más de intentar hacer caja, demos por finalizada la iniciativa.

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