Javier Lacalle hunde al Partido Popular en el Ayuntamiento de Burgos

Su incapacidad para generar consenso está dañando la imagen de su propio partido

Lacalle ha conseguido dividir a sus concejales, creado dos grupos y haciendo evidente quienes son sus favoritos

El alcalde ha decidido premiar a Blasco, De la Fuente o Berzosa, pese a la ineficacia demostrada de su gestión y sin haber sido capaces de sellar acuerdos con otros grupos

La deriva, sin sentido, del alcalde de Burgos, Javier Lacalle, al frente del Ayuntamiento, está poniendo en una difícil situación al Partido Popular en Burgos.

Desde que perdiera la mayoría absoluta, en Mayo de 2015, Javier Lacalle no ha sido capaz de reponerse y asimilar la realidad política que atraviesa. Ha sido capaz de sortear, con mayor o menor acierto, las dificultades propias de un gobierno en minoría, gracias a la actitud de alguno de sus ediles y a pesar de la de otros.

Sin embargo, Lacalle ha roto su propio grupo municipal por dentro y está destrozando la política de ciudad instalándose en una posición solitaria con la que intenta, sin éxito y con poca inteligencia comunicativa, que parezca que los malos son los demás.

Lo primero que hizo Lacalle, a mediados de este verano, fue pegar un tiro en la pierna de su propio grupo municipal. Dejó de lado a su número dos, a Gema Conde, apartándola de las funciones de la portavocía y confirmando lo que ya empezaba a ser un secreto a voces, no había sintonía entre Lacalle y Conde. Durante el balance de mitad de legislatura, en el que el alcalde intentó escenificar la unidad de su grupo, la distancia física entre ambos en la foto oficial daba las pistas oportunas a lo que después sería una realidad.

Pero Conde no fue la única víctima de su mandato. Mucho antes que ella, el concejal Fernando Gómez abandonó las filas del grupo municipal y se convirtió en concejal no adscrito, motivado en parte por la falta de apoyos entre sus compañeros.

Fue a mitad del verano cuando Lacalle cometió, en una sola jugada, dos errores garrafales propios de un novato. Decidió repartir premios entre sus concejales, ascendiendo a ediles como Carolina Blasco, Jorge Berzosa y Lorena de la Fuente, creado una clarísima división en el partido. Colocar a Berzosa a coordinar los proyectos del Ayuntamiento suponía dar una patada a  otro de sus hombres fuertes, Salvador de Foronda, que en su foro interno se sentía sucesor de Lacalle en la candidatura electoral.

Blasco y Berzosa contra Conde y De Foronda. Dos líneas, dos corrientes, dos subgrupos dentro de un grupo municipal que aún tenía que afrontar media legislatura de política de ciudad y luchas internas por la sucesión “del trono de Lacalle”.

La recompensa de Lacalle ante el trabajo y el esfuerzo de ediles como Gema Conde o Ana Bernabé, que han recibido hasta el respaldo de la oposición por su trabajo, o Salvador de Foronda, que ha dedicado todas las horas del mundo a trabajar, con mayor o menor acierto, ha sido el aislamiento, el menosprecio y el ascenso para los otros compañeros, aquellos que han sido incapaces de suscitar acuerdos y que coleccionan críticas por su mala gestión al frente de sus respectivas áreas.

A las puertas del nuevo presupuesto, el Equipo de Gobierno se encuentra solo y sin apoyos. La actitud de Lacalle, más arriesgada desde que supo que la cúpula regional y nacional de Ciudadanos impediría que se moviera del sillón de alcalde, está destrozando la imagen del Partido Popular como partido capaz de gestionar la ciudad y complicando los comicios de 2019.

Incumplimientos, medias verdades, juegos de palabras… pero sobre todo, incapacidad para alcanzar acuerdos y poner en marcha políticas de interés para la ciudad, se están convirtiendo en el legado de Javier Lacalle y, en consecuencia, del Partido Popular.

La siguiente parada que parece tener prevista el primer edil es una cuestión de confianza vinculada al presupuesto de 2018, el presupuesto electoral, el que debe salir adelante para poder vender logros durante la campaña electoral. Forzar esa situación será la asunción del Equipo de Gobierno de su propia incapacidad para alcanzar acuerdos.

Javier Lacalle está destrozando la idea y la filosofía de consenso que el Partido Popular está poniendo en práctica a nivel regional o nacional. El PP, al igual que el resto de las formaciones, ha entendido el mensaje de las urnas en clave de cooperación y acuerdos entre formaciones. Una bandera que Lacalle está pisoteando en la ciudad de Burgos, con las consecuencias imprevisibles que esto puede tener para todos sus compañeros en un momento político donde consenso es la palabra clave.

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