El regreso al pasado de una agradable mañana de julio

La Asociación de Danzas de María Ángeles Sáiz, fiel a su cita anual, volvió a recordarnos cómo se llevaban a cabo hace no muchos años, algunas tareas que hoy en día son de lo más rutinarias.

Los viejos oficios, como suelen denominarlo desde la asociación, nos transporta al Burgos de hace tan sólo unas décadas, donde la lana esquilada de las ovejas, se transformaba en las propias casas a través de procesos laboriosos, en relleno de colchones o materia prima para tejer.

Así, desde lavar, varear o cardar la lana hasta frotar la ropa a orillas del río, los asistentes pudieron observar, recordar o conocer cómo se llevaban a cabo esas tareas que consumían mucho tiempo y esfuerzo en las familias de entonces. Un proceso cargado de actividades en las que participaba toda la familia.

Hoy, que no hace falta hincar la rodilla para quitar las manchas de nuestra ropa, se hace más necesario que nunca recordar cómo hemos llegado hasta donde estamos. Un recuerdo, por cierto, que se hace más importante cuando se trata de enseñárselo a los más pequeños o no tan pequeños, que de esto ya ni han oído hablar.

De hecho, esa es una de las grandezas de esta jornada, ver cómo los más mayores les enseñan a los jóvenes un mundo que hoy les es completamente ajeno. Todo es diversión en un día así, claro está que cuando no quedaba otra, estas tareas tenían muy poco de divertido.

Y como es habitual, la mañana se cerró con un almuerzo cargado de productos de la tierra y los bailes, que acompañan y son banda sonora habitual, a todas las actividades que realiza la Asociación de Danzas de María Ángeles Sáiz.

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